El hallazgo del oasis: Las parras silvestres
La historia de Parras comienza mucho antes de su fundación oficial, impulsada por la búsqueda de metales preciosos y la necesidad de pacificar el indómito norte de la Nueva España. Hacia 1568, las primeras expediciones españolas que se adentraron en la región se toparon con un espectáculo inesperado: un valle fértil, irrigado por abundantes manantiales naturales, donde la vegetación crecía con fuerza.
Lo que más llamó la atención de aquellos hombres fue la inmensa cantidad de vides silvestres (Vitis berlandieri) que trepaban de forma natural por los árboles y orillas de los riachuelos. Este detalle, que evidenciaba las bondades del suelo y el clima para el cultivo de la uva, bautizó de inmediato al paraje.
El capitán Martín Antón Zapata y el conquistador Francisco de Urdiñola divisaron el potencial de la zona. Urdiñola estableció la primera estancia española, la legendaria Hacienda El Rosario, sentando las bases de la colonización en la región.
1598: Una fundación forjada entre jesuitas y tlaxcaltecas
Tras años de intentos y pacificación del territorio, la formalización del asentamiento llegó el 18 de febrero de 1598. El capitán Martín Antón Zapata, acompañado por el sacerdote jesuita Juan Agustín de Espinosa, fundó oficialmente la Misión de Santa María de las Parras y Las Lagunas.
La ceremonia fundacional tuvo un fuerte arraigo espiritual y simbólico. Se celebró una misa en la Cueva de Texcalco, un sitio que hoy en día resguarda una cruz de madera como testimonio vivo de la congregación indígena y española que dio vida al pueblo.
1568: Primeras exploraciones españolas en el Valle de las Parras.
└── 1594: Llegada de los misioneros jesuitas a la región.
└── 1597: El Rey Felipe II otorga la merced de tierras a Lorenzo García.
└── 1598: Fundación oficial de la Misión de Santa María de las Parras.
└── 1599: Llegada masiva de familias tlaxcaltecas para consolidar el pueblo.
Para asegurar el éxito de la colonia y pacificar definitivamente la frontera, en 1599 el virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo ordenó el traslado de un importante contingente de indios tlaxcaltecas desde Saltillo. Los tlaxcaltecas, conocidos por su lealtad a la Corona y sus avanzadas técnicas agrícolas, introdujeron sistemas de canales e irrigación que convirtieron los huertos de Parras en un verdadero motor de producción.
El milagro de la vid: Nace la primera bodega de América
Mientas la misión echaba raíces, un acontecimiento paralelo cambió el destino económico de la región. Los misioneros jesuitas necesitaban vino consagrado para la misa, por lo que comenzaron a domesticar las vides y a traer cepas europeas.
Al notar la excelente calidad de los caldos locales, un colonizador visionario llamado Don Lorenzo García solicitó formalmente una dotación de tierras. El 19 de agosto de 1597, el Rey Felipe II de España firmó una merced real autorizando la entrega de tierras con el propósito expreso de “plantar viñas para hacer vino y aguardiente”.
Este documento dio origen a la Hacienda de San Lorenzo, la bodega vitivinícola en funciones más antigua de todo el continente americano.
Dato Histórico: A lo largo de los siglos, la bodega cambió de manos hasta que en 1893 fue adquirida por Don Evaristo Madero (abuelo del prócer de la Revolución, Francisco I. Madero), quien la modernizó, trayendo cepas francesas y tecnología europea, rebautizándola con el nombre que hoy le da la vuelta al mundo: Casa Madero.
A pesar de que en pleno siglo XVII la Corona española prohibió temporalmente la producción de vino en las colonias para proteger a los productores de la península ibérica, el aislamiento geográfico de Parras y la calidad excepcional de su producción permitieron que los viñedos locales sobrevivieran a las restricciones reales.
De Villa a Pueblo Mágico
Con el paso de los siglos, Parras maduró en historia y peso político. Dejó de pertenecer a la jurisdicción de la Nueva Vizcaya en 1785 para integrarse a la Provincia de Coahuila, y en 1868 fue elevada formalmente al rango de ciudad, añadiendo el apellido "de la Fuente" en honor al ilustre político liberal Juan Antonio de la Fuente.
Hoy en día, pasear por Parras es respirar la frescura de sus acequias, admirar la imponente iglesia del Santo Madero en la cima del cerro del Sombreretillo y adentrarse en bodegas que resguardan siglos de barricas. El cultivo de la vid que inició como una necesidad mística y un golpe de fortuna silvestre en 1597, sigue vivo en cada racimo cosechado bajo el sol de Coahuila.

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